En la costa Caribe, la mayor amenaza para una estructura de concreto no es el sismo: es la brisa. El aire marino transporta cloruros que penetran el concreto poco a poco hasta alcanzar el acero de refuerzo. Cuando la concentración supera un umbral, la capa que protege al acero se rompe y empieza la corrosión.
El óxido ocupa varias veces el volumen del acero original. Esa expansión fisura el recubrimiento, el concreto se desprende y el acero queda a la vista. Es el daño que se ve en tantos edificios de más de treinta años cerca del mar.

Qué especificar
La NSR-10 clasifica la exposición a cloruros y, para ella, limita la relación agua-cemento y fija una resistencia mínima del concreto. En la práctica, tres decisiones hacen la diferencia: un concreto de baja permeabilidad, un recubrimiento generoso y un buen curado.
El recubrimiento es la decisión más barata y la más fácil de perder. Un separador mal puesto le quita en obra los centímetros que se diseñaron. Por eso la supervisión mide recubrimientos antes de cada fundida, no después.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se corroe el acero cerca del mar?
La brisa marina lleva cloruros que penetran el concreto; cuando alcanzan el acero rompen su capa protectora y empieza la corrosión.
¿Cómo se evita?
Con un concreto de baja permeabilidad, un recubrimiento generoso bien controlado en obra y un buen curado.




